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Glaciares, importantes reservorio de agua



Glaciares: el país tiene el segundo reservorio de agua de América del Sur  

Fecha de Publicación
: 19/08/2017
Fuente: La Nación
Provincia/Región: Nacional


Sólo lo supera Chile; la Argentina posee 15.691 áreas estratégicas, según cifras preliminares del Inventario Nacional de Glaciares; son 5748 km2 de hielo permanente; es 28 veces la superficie de la ciudad
Dejó de ser una cuestión de límites difusos o un debate por aproximación para rechazar actividades extractivas en áreas estratégicas. Siete años después de la promulgación de la ley de glaciares (26.639), que dispone la creación del Inventario Nacional de Glaciares (ING), la Argentina puede ahora certificar, con validación científica, que atesora al menos 15.691 glaciares a lo largo de la cordillera de los Andes y que es el segundo país de América del Sur, después de Chile, entre los de mayores reservas estratégicas de agua dulce en estado sólido.
También puede jactarse de haber individualizado y situado por primera vez en el mapa el grueso de los glaciares argentinos y su ambiente periglaciar, a partir de un relevamiento inédito que no sólo contribuye a preservarlos y a controlar las actividades en los territorios, sino también a estudiarlos y monitorearlos para comprender los alcances del cambio climático.
Según datos preliminares del ING, el conjunto de cuerpos de hielo de más de una hectárea de superficie presentes en nuestro suelo suman una superficie de 5748 km2 y representan un 22,5% del total de la masa glaciar de América del Sur (25.550 km2).
Chile, por caso, triplica esa extensión. Baluartes paisajísticos, cumplen un rol clave como proveedores de agua para la recarga de las cuencas hídricas en épocas de sequía, lo que garantiza el desarrollo de las actividades humanas.
El total de las masas de hielo permanente, producto de la recristalización de las precipitaciones de nieve en invierno, combinado con bajas temperaturas en verano, equivale en su conjunto a 28 veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires.
Así surge del estudio iniciado en 2012 por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla-Conicet), que también confirmó lo que se sospechaba: los glaciares argentinos exhiben un retroceso generalizado, por efecto del cambio climático y de otras variables. Esa constricción se alinea con lo observado en los glaciares a nivel mundial.
El inventario, que pocos países en el mundo han concluido, cumple un rol fundamental en el planeamiento estratégico de 12 provincias con presencia de glaciares y ambiente periglaciar que, ahora, ya relevados y localizados, deberán restringir toda actividad minera en esas cuencas y monitorear otras que puedan afectarlos.
El ING contribuirá también a la base de información del World Glacier Monitoring Service de la Unesco, para estudiar a gran escala el estado de la criosfera y la dinámica del calentamiento global.
El equipo del Ianigla, conformado por 13 glaciólogos, hidrólogos, especialistas en GIS (Sistema de Información Geográfica) y guías de montaña liderados por el doctor Fidel Roig, culminará el inventario a fines de este año o comienzos del próximo. Restan relevar áreas de los Andes en Tierra del Fuego e islas del Atlántico Sur y validar en el campo los estudios y las mediciones realizados mediante tecnología satelital.
Para entender la dimensión de este logro científico basta decir que mediante expediciones a la Cordillera se han estudiado y relevado in situ más de 1000 glaciares desde Jujuy hasta Santa Cruz y se han descubierto cuerpos de hielo (de escombros, cubiertos o descubiertos) desconocidos hasta ahora.
"El aporte del Ianigla al país y al Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente es una contribución a la ciencia a nivel mundial que coloca a la Argentina en el selecto grupo de 38 países que alimentan esa base de datos", dijo Sergio Bergman, ministro de Medio Ambiente, órgano nacional de aplicación de la ley de glaciares.
"Hoy podemos saber en qué lugar exacto se encuentran, qué extensión tienen y sus especificidades. Utilizamos una misma metodología para todo el país, por lo que el estudio es considerado uno de los mejores inventarios de glaciares a nivel mundial", explicó Roig a LA NACION.
Dividido en cinco grandes regiones (Andes desérticos para Jujuy Salta, Catamarca, La Rioja y San Juan; Andes centrales: San Juan y Mendoza; Andes del norte de la Patagonia: Río Negro y Chubut; Andes del sur de la Patagonia: Santa Cruz, y Andes de Tierra del Fuego e islas del Atlántico Sur), el ING muestra que la Patagonia austral concentra casi el 60% de la superficie de glaciares argentinos (3422 km2), pero sólo el 15,4% en cantidad de glaciares (2420).
Los Andes centrales albergan el 31,2% de la superficie de hielo (1767 km2) y el 51,4% del total de los glaciares (8078), precisa el informe.
Si bien la ley exige publicar el ING completo, la falta de delimitación geográfica con Chile en el área de los hielos continentales -unos 200 km que van desde el monte Fitz Roy hasta el cerro Daudet- ha obligado a la Cancillería a retener y a no difundir el relevamiento que se ocupa de un lugar sensible: la cuenca del río Santa Cruz.
"Hasta que se consensuen los límites fronterizos, la ley especifica que no pueden divulgarse", dijo una fuente de la Cancillería. Añadieron que una comisión binacional deberá trazarlos con técnicos y peritos de campo, según el acuerdo de divisoria de aguas en las altas cumbres suscripto por ambos países en 1998.
Recién entonces se podrá difundir esa parte del ING, que reclaman ONG ambientalistas y expertos para poder evaluar con exactitud los impactos del cuestionado proyecto hidroeléctrico Kirchner-Cepernic.
Los hielos continentales, también llamados campo de hielo sur, ocupan unos 12.100 km2, de los cuales unos 3055 km2 corresponden a territorio argentino. Esa área, la más extensa en glaciares del país, situada en la cuenca del río Santa Cruz, posee 1089 glaciares.
El dato -desconocido hasta ahora- es relevante por las represas. El estudio de impacto ambiental no pudo sopesar esa información.
Esa cuenca también atesora los glaciares de mayor tamaño de la Argentina -consigna el ING-, como Upsala (786 km2), Viedma (737 km2), Perito Moreno (244 km2), Spegazzini (127 km2) y Agassiz-Bolados (78 km2).
La extensión, sin embargo, no determina la importancia estratégica de las reservas hídricas, explica Fidel Roig. Hay "pequeños glaciares en los Andes áridos que pueden tener mayor importancia en ese sentido por presentar una gran variabilidad climática (alternancia de años húmedos con años muy secos), y es allí donde los glaciares cumplen un papel trascendental como reguladores interanuales del escurrimiento hídrico", dice el Ianigla. "El agua es almacenada en estado sólido durante los años húmedos (superávit hídrico) y es entregada a los sectores más bajos de la cuenca en los años secos, cuando los caudales de los ríos son muy reducidos y la demanda por el agua es mayor".

Cambio climático
Considerados la voz de alarma del calentamiento global, la retracción de su masa en diversas regiones del planeta fue la primera expresión ambiental detectada por los científicos para señalar cambios en las temperaturas a escala global. Sin embargo, "no es sencillo señalar un glaciar que esté siendo afectado por cambio climático y otro que no, ya que los impactos en el balance de la masa de hielo obedecen a una convergencia de factores que van desde el aumento de la temperatura hasta la variabilidad del clima y precipitaciones, la geometría de la cuenca montañosa donde se ubican, la altitud y pendiente, entre otros factores", explicaron los investigadores.
Analizados los cambios climáticos en la Cordillera, el Ianigla observó que los aumentos de la temperatura han sido más intensos a mayores elevaciones, por lo que los glaciares ubicados en los sectores altos de las montañas han sido fuertemente afectados.
También detectaron "retracciones marcadas en sectores de los Andes centrales y en el norte de la Patagonia, donde la temperatura ha aumentado y las precipitaciones han disminuido". El informe señala también que "los glaciares ubicados a más bajas elevaciones y que terminan en cuerpos de agua, como el Upsala o el Ameghino, han sufrido retracciones de varios kilómetros durante las últimas décadas".
Para cuantificar los retrocesos, el Ianigla dispuso el monitoreo constante con el máximo nivel de detalle de cinco glaciares accesibles y transitables en las distintas regiones para estudiarlos en su relación con el clima. "Al conocer el funcionamiento de un glaciar representativo por región -detalló Roig- es posible generalizar los resultados a otros similares. Para ese fin se seleccionaron los glaciares Agua Negra (30°10'S), Azufre (35°17'), Alerce (41°10') y De los Tres (49°16')". Allí se instalarán estaciones meteorológicas. Mientras resta definir el del extremo sur, los glaciares antárticos, que junto con Groenlandia constituyen las mayores reservas de agua del planeta, quedan fuera del inventario, ya que su monitoreo está sujeto a los compromisos ambientales del Tratado Antártico.
Consultados sobre la incidencia de la mina de Veladero, operada por Barrick Gold, que produjo un derramamiento de cianuro en la cuenca del río Jachal, fue el Mayds el que aseguró tras revisar el inventario que "la mina no se encuentra sobre ningún glaciar o geoforma periglaciar".
Y aclaró: "Sí surge que hay cuerpos con hielo en sus cercanías, por lo que se derivó consultas ambientales a la provincia de San Juan que al no ser contestadas derivaron en una medida cautelar de la actividad minera. Se espera una resolución de la justicia federal.
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La increíble manera que se aprueban transgénicos en el país



De ambos lados del mostrador

Fecha de Publicación
: 15/08/2017
Fuente: Página/12
Provincia/Región: Nacional


El organismo clave en la aprobación de semillas transgénicas está dominado por las empresas que los comercializan y por científicos afines. Los nombres de los integrantes de la Comisión Nacional de Biotecnología se conocieron luego de 26 años de secreto.
Luego de 26 años de funcionar en secreto, el Ministerio de Agroindustria informó quiénes integran la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), espacio clave en la aprobación de  transgénicos en Argentina. Y se confirmaron todas las denuncias de organizaciones sociales y académicos críticos: las empresas que producen y venden transgénicos son las mismas que los aprueban. Se trata de Bayer, Monsanto, Syngenta, Indear/Bioceres, Pioneer/DuPont y Don Mario, entre otras. También son parte los empresarios del agro (Aapresid, Aacrea) y académicos con conflictos de intereses. La aprobación se basa en estudios de las mismas multinacionales (el Estado no realiza análisis propios) y los expedientes son secretos.
La Conabia fue creada en 1991 por el gobierno de Carlos Menem. En 1996 aprobó la primera semilla transgénica. En tiempo récord (81 días) dio luz verde para la soja (con uso de glifosato) que modificaría radicalmente el agro argentino.
Los distintos gobiernos evitaron informar quiénes eran los “científicos” que aprobaban los transgénicos. En junio pasado se filtró el listado de integrantes en el periódico cooperativo MU. De 34 integrantes confirmados, 26 pertenecían a las empresas o tenían conflictos de intereses. El dato fue retomada por la ONG inglesa GMWatch, traducida al inglés y distribuida en instituciones académicas de Estados Unidos y Europa. La noticia, bajo el título “La corrupción transgénica”, comenzó a circular en ámbitos científicos.
En la última reunión de Conabia fue un tema de discusión entre sus referentes. Celebraron que ningún diario de tirada nacional haya tomado el tema, decidieron hacer público el listado de integrantes (previa exclusión de los más polémicos) y comenzaron a gestar dos campañas: una caza de brujas para que no se filtre más información y, segunda, acercamiento a periodistas y medios de comunicación para mejorar su imagen mediante “publi-notas”.
La Conabia está integrada por Miguel Rapela y Fabiana Malacarne, de la Asociación de Semilleros de Argentina (ASA), donde confluyen todas las empresas multinacionales de semillas transgénicas); Gabriela Levitus de Argenbio (organización de lobby científico-político fundado por las empresas Syngenta, Monsanto, Bayer, Basf, Bioceres, Dow, Nidera y Pioneer); Alejandro Petek y Luis Negruchi (de la organización de empresarios Aapresid, espacio de lobby transgénico, hoy presentes en el Ministerio de Agroindustria), Silvia Lede (con pasado en la multinacional Basf),
Abelardo Portugal, ex presidente y referente de Aianba (Asociación de Ingenieros Agrónomos del Norte de Buenos Aires) y parte de la organización “Maizar” (donde participan todas las empresas del sector). Aianba es auspiciada por Bayer, Dow y Monsanto.
El Ministerio de Agroindustria tuvo especial cuidado en ocultar a integrantes que hasta hace poco tiempo participaron y tuvieron influencia en la aprobación de numerosos transgénicos: Miguel Alvarez Arancedo (Monsanto), Magdalena Sosa Beláustegui (Bayer), Mirta Antongiovanni (Don Mario), Gerónimo Watson (Bioceres/Indear), Atilio Castagnaro (Estación Experimental Obispo Colombres, de los grandes ingenios azucareros de Tucumán), Alejandro Tozzini (ex Monsanto, actual de Syngenta), Gustavo Abratti (DuPont-Pioneer), Claudio Gabriel Robredo (ex Monsanto), Mauro Meier (de la Asociación de Cooperativas Argentinas). 
Martín Lema, director nacional de Biotecnología desde 2011 y máxima autoridad la Conabia, cuenta con “papers científicos” firmados con las mismas empresas de debiera controlar: Monsanto, Bayer, Syngenta, Basf y Dow Agroscience.
Carla Poth es investigadora de la Universidad Nacional de San Martín y su tesis doctoral aborda la situación de la Conabia. Recordó que el accionar de la Conabia tiene impacto en los territorios: masivo uso de agrotóxicos, afecciones en la salud, desmontes, desalojos de campesinos e indígenas, monocultivo.
“Que se conozcan 26 años después es una muestra clara de que funcionó en la oscuridad total. Fue eso lo que permitió la rapidez y homogeneidad en las decisiones para aprobar las semillas genéticamente modificadas, pilar fundamental del modelo de agronegocio”, afirmó Poth. La investigadora no tiene dudas de que la Conabia es “antidemocrática” y que se trata de un espacio “asociado y consustanciado con las necesidades de las grandes empresas” de semillas transgénicas y agrotóxicos.
También integran la Conabia científicos que figuran con pertenencia a instituciones públicas, pero con conflictos de intereses con las grandes empresas de semillas y agrotóxicos: Dalia Marcela Lewi, Fernando Bravo Almonacid, Mónica Liliana Pequeño Araujo, Hugo Permingeat, Lucas Lieber, Mariano Devoto,  Elba María Pagano.
Poth resumió: “La Conabia es un ejemplo de conflictos de intereses, donde sus integrantes son juez y parte. Desde las cámaras empresarias que son parte del negocio y también ‘evalúan’ la inocuidad de sus semillas, hasta los investigadores de universidades públicas u organismos estatales que tienen convenios con las mismas empresas. Son un ejemplo de la ciencia al servicio del mercado”.
Fernando Cabaleiro, abogado de la ONG Naturaleza de Derechos que denunció el accionar de la Conabia, precisó ejemplos las “enormes irregularidades”: de todos los documentos de decisión emitidos no se puede deducir quiénes los suscribieron y si existieron oposiciones, en el caso de la soja “Intacta” (de Monsanto) se “desconocieron principios esenciales de la evaluación de riesgos” de organismo genéticamente modificados. La soja solo fue evaluado para la Pampa Húmeda y no en el resto de las “bioregiones” donde se siembra (NEA y NOA). Señaló que el juicio por la aprobación de la soja “Intacta” se encuentra en la Corte Suprema de Justicia, que tiene muy demorado su fallo.
El organismo responsable en liberar semillas se soja, maíz, algodón, papa y caña de azúcar no cuenta con ningún científico crítico a los transgénicos. Tampoco permite la participación real de entidades de la sociedad civil. Desde 1996, la Conabia aprobó 41 transgénicos (de soja, maíz, algodón y papa). Las empresas beneficiadas fueron Syngenta, Monsanto, Bayer, Indear, Dow, Tecnoplant y Pioneer y Nidera, entre otras. Las mismas empresas que dominan la Conabia y prometen que “los transgénicos son seguros”.

Los integrantes de la Conabia
Los integrantes de la Conabia, espacio clave en la aprobación de transgénicos son Gabriela Levitus, Carlos Francia, Demién Bellido, Marcelo Criscuolo, Carlos Bonfiglio, Fabiana Malacarne, Miguel Rapela, Juan Carlos Fonzi, Abelardo Portugal, Julián Zimmermann, María Celia Etchart, Nora Uberti Manassero, Mauro Meier, Luis Negruchi, Alejandro Petek, Carlos Robertson Lavalle, Bernardo Debenedetti, Mariano Devoto, Sandra Sharry, Andrés Venturino, Lucas Lieber, Hugo Permingeat, Adrián Mutto Silvia Mundo, Sara Maldonado, Jorge Zavala, Gustavo Schrauf, Miguel Galvagno, Juan Fernandino, Fernando Bravo Almonacid, Silvia Lede, Teresa Velich, Eliana Tomchinsky, Luis Dóvalo, Santiago Dalessio, Silvio Cravero, Gabriela Calamante, Federico Hozbor, Nicolás Mucci, Elba Pagano, Dalia Lewi, Ramón Sanguinetti, Juan Dotta, Paula Bonastre, Bernardo Alonso, Marcelo Sánchez, Silvia Passalcqua, Ana Vicario, Mariano Podworny y Monica Pequeño Araujo.
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Residuos y las cifras de recuperación



Sólo 25% de los RSU es recuperado por cartoneros

Fecha de Publicación
: 13/08/2017
Fuente: Comercio y Justicia
Provincia/Región: Nacional


Unas 30 mil de las 40 mil toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) que no tienen calificación de peligrosos, generados en domicilios, comercios y oficinas diariamente en el país son vertidas a los rellenos sanitarios o llegan a los ríos y el mar, mientras que unas 10 mil son recuperadas por cartoneros.
Se estima que más de 21 por ciento de estas 40 mil toneladas que se producen diariamente son envases. No obstante, no han prosperado ninguno de los proyectos presentados en el Congreso Nacional para aprobar una ley que regule su generación y disposición final.
Los datos surgen del proyecto de ley presentado por la diputada Alcira Argumedo en septiembre pasado para crear un Sistema Nacional de Gestión de Envases, que hasta ahora no fue evaluado por las comisiones pertinentes.
Por la ausencia de una ley de envases en Argentina, las tasas de reciclaje de plástico son muy bajas comparadas con las de otros países.
En Alemania, donde rige una ley de “sistema de retorno” desde octubre de 2003, se alcanzó una tasa de reciclaje de envases de 98,5%; mientras que Dinamarca, que implementa una norma similar desde 1991, registra índices de reciclaje de 99,5% para botellas de cerveza y gaseosas y 99,5 para PET reutilizable.

La situación nacional
En Argentina, mientras tanto, las tasas de reciclaje posconsumo de plástico son de 24%, según la Cámara Argentina de Industrias Plásticas (CAIP). El ministerio de Ambiente de la Nación no cuenta con estadísticas al respecto.
“Nos interesa que se trate una ley porque una gran cantidad envases saldría de circulación, el fabricante se haría cargo de procesarlos una vez consumido su contenido y de que vuelvan a la cadena de producción”, comentó Diego Albareda, del departamento de Conservación del Ecoparque de Buenos Aires.
Desde 2005, el equipo de conservación del Ecoparque rehabilita y estudia tortugas marinas provenientes de varamientos o captura incidental en las costas bonaerenses, y encontró restos de plástico en 97 de cada 100 animales.

Proyecto
En septiembre último, Argumedo, junto con la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores -que agrupa unas 70 cooperativas- y otros legisladores, presentaron en el Congreso Nacional un proyecto de ley para crear un Sistema Nacional de Gestión de Envases.
El proyecto establece un presupuesto mínimo para la gestión de estos residuos “a fin de prevenir y reducir su impacto ambiental disminuyendo la cantidad que se insertan en el mercado, minimizando su disposición final en rellenos sanitarios y priorizando la reutilización y el reciclado”.
La iniciativa no fue evaluada por ninguna de las tres comisiones parlamentarias que deben aprobarla (Ambiente, Asuntos Cooperativos y Presupuesto) para su posterior debate en el recinto, señaló la diputada.
CAIP le dijo a Télam que acompañaría la implementación de un “Sistema Integrado de Gestión” público-privado que se financie “mediante el aporte de los envasadores”.
Según la propuesta de CAIP, los envasadores pagarían un monto por cada producto envasado puesto por primera vez en el mercado y, en función de los diferentes tipos de envases y materiales que los componen, cuanto más fácilmente reciclable sea el envase, menor será la suma .
Además del proyecto de Argumedo, existen en la Cámara de Diputados otros dos, uno presentado por la diputada María Emilia Soria (FpV Río Negro) y un tercero elaborado por Guillermo Snopek (PJ Jujuy).
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El mercado negro de fauna en Argentina



Mercado negro de fauna: cuánto cuesta un pájaro argentino en peligro de extinción

Fecha de Publicación
: 13/06/2017
Fuente: InfoBae
Provincia/Región: Nacional


El cardenal amarillo, en riesgo crítico de desaparecer, es la pieza más buscada. La PFA ya incautó más de mil aves en los últimos dos años: un 40% muere en traslados en condiciones aberrantes. El insólito zoológico clandestino encontrado en La Plata
El cardenal amarillo tiene unas cuantas diferencias con su primo de plumaje rojo y blanco. Para empezar, está en peligro crítico de desaparecer. El Plan Extinción Cero, una lista roja confeccionada este año por la Dirección de Fauna Silvestre del Ministerio de Ambiente, lo ubica entre las siete especies más amenazadas de la Argentina junto al yaguareté, el venado de las pampas, el macá tobiano de la Patagonia y la ranita del Pehuenche, un pequeño anfibio mendocino con la tragedia de tener un hábitat natural de apenas nueve kilómetros cuadrados amenazado por una obra caminera.
Los expertos en aves hablan de unos pocos cientos que quedan en estado salvaje, con esfuerzos conservacionistas tanto aquí como Uruguay. Oriundo de los espinales, montes y pastizales pampeanos, el cardenal amarillo vio sus números brutalmente reducidos por el avance de la frontera ganadera que taló los árboles donde construía sus nidos. Sin embargo, su canto, particularmente dulce, es su mayor problema.
Los dueños de ejemplares suben videos a Youtube mostrando cómo silban sus cardenales cautivos; los coleccionistas, en un hobby frecuentado por hombres de avanzada edad, montan pequeños duelos para ver qué pajarito canta mejor. Algunos pocos criaderos se dedicaron a producirlos a lo largo del tiempo. Fuentes en organismos como UFIMA, el ala de la Procuración encabezada por el fiscal federal Ramiro González hablan de etiquetas de más de cien dólares para un cardenal amarillo de cautiverio.
Sin embargo, los que nacieron libres son los más deseados. El departamento de Delitos Ambientales es el área de la Policía Federal dedicada a combatir el tráfico de fauna entre otras violaciones a la ley. Voces policiales apuntan que un ejemplar puede costar desde 2 mil hasta más de 10 mil pesos, dependiendo del color de sus plumas y su voz, las típicas normas para tasar a cualquier pájaro traficado.
En la Argentina, capturar y vender un pájaro autóctono es un delito federal penado por la Ley de Fauna, la número 22.421, con un máximo de dos años de cárcel. El mes pasado, la UFIMA y la división Delitos Ambientales se encontraron dos veces con el cardenal amarillo a la venta en Capital y el conurbano bonaerense.
El 17 de mayo, la PFA ingresó en un local de mascotas en la calle Hortiguera al 700 de Virrey del Pino: encontraron 159 aves de especies protegidas. Había jilgueros, loros habladores, corbatas blancas y negras, cuya captura y venta está prohibida a pesar de ser pájaros relativamente comunes y de población estable; el cardenal amarillo estaba camuflado entre sus parientes de pluma roja, más numerosos y baratos. Un cardenal común cuesta, en promedio, de 350 a 700 pesos.
La feria de pájaros de Pompeya es otro clásico porteño. La venta tanto legal como ilegal se mezcla en la esquina de Sáenz y Perito Moreno a diez cuadras del Riachuelo, entre jaulas y cajas de cartón con aves, perros, gatos, canarios con papeles para validar su procedencia y tortugas de tierra, una de los animales protegidos más traficados de la Argentina, marcado como especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y vendida en Pompeya al módico precio de 250 pesos por cría bebé.
La división Delitos Ambientales llegó a la Feria el 21 de mayo pasado, esta vez con la intervención de UFEMA, el equivalente porteño de la UFIMA, a cargo del fiscal Matías Michienzo. Labró cinco actas por venta ilegal tras incautar 205 ejemplares, 188 de ellos pájaros como corbatas, reina moras, reyes del bosque y teros. Había varias tortugas, incluso un lagarto overo. El cardenal amarillo fue encontrado en una jaula en la esquina de Perito Moreno y Ochoa. Delitos Ambientales volvió al día siguiente para golpear otros cuatro puestos y llevarse otros 90 animales, incluido un halcón y otro lagarto overo de gran tamaño. Los allanamientos en busca de venta ilegal de fauna no son una novedad para la Feria, por otra parte: una redada en noviembre pasado ya había incautado más de 300 especímenes.
Que las aves en general sean mayoría en estos operativos policiales no es casualidad: representan el 90% de todas las especies incautadas por Delitos Ambientales de la PFA, que encontró y liberó 1500 ejemplares entre 2016 y lo que va de 2017. Las aves también representan la mitad del total de tráfico de fauna de la Argentina, según un informe de la Dirección de Fauna Silvestre publicado el año pasado. La UFIMA del fiscal González, por su parte, inició más de 100 causas entre lo que va de este año y el año anterior en todo el país.
El traficante de aves tiene un perfil claro. Un investigador veterano apunta a Infobae: "Son hombres grandes, de edad mediana o avanzada. Hacen esto desde casi toda su vida. Capturan las aves en el monte entrerriano o en el norte argentino y las traen a Capital Federal y al conurbano para la venta. Cuando los detenés te dicen: 'No sé hacer otra cosa.'"
La división Delitos Ambientales realiza controles en las autopistas de Zárate y en la vía que une a Buenos Aires con Rosario en busca de estos dealers de aves. Lo que se encuentra en estos controles no es grato de ver: los animales viajan largos trayectos a oscuras y apiñados de a decenas en jaulas, escondidos en baúles o en las partes traseras, usualmente sin comida ni agua.
Muchos mueren en el camino: los investigadores policiales estiman que un promedio de 40 por ciento de los envíos pierde la vida antes de llegar a la venta. "Encontramos envíos de cardenales rojos donde el 90 por ciento ya estaba muerto", asegura un investigador. La UFIMA habla de un promedio de mortandad mucho peor: 70 por ciento. Sin embargo, llegar a una condena judicial es una rareza a pesar de todo este cuadro grotesco: los procedimientos suelen terminar en probations de servicio comunitario.
Los cardenales amarillos y las tortugas de tierra son especies autóctonas: traficar con animales exóticos del extranjero es algo totalmente diferente. Los detectives de Delitos Ambientales todavía recuerdan cuando irrumpieron en una antigua casa de Flores en 2007 para encontrarse con el premio mayor de la historia reciente del mercado negro de fauna en la Argentina: un guacamayo de Lear, el mismo que protagonizó la película Rio de Disney, una de las especies más amenazadas de Brasil, considerada en riesgo crítico de extinción, con un espectacular plumaje azul noche y un precio porteño de venta de 20 mil dólares.
El guacamayo no estaba solo: junto a él se encontraron otros nueve especímenes de guacamayos de diversas variedades bolivianas y brasileñas, todos ellos animales en peligro de extinción. "Los guacamayos son altamente buscados por los coleccionistas", asegura un detective: "Son capturados en la selva por aborígenes directamente en el nido. Un ave ya adulta es muy difícil de manejar, se estrellaría contra la jaula en cautiverio". El guacamayo de Lear luego fue trasladado al ex Zoológico porteño; finalmente se lo envió a un refugio en Brasil en febrero de este año.
La casa de los pájaros en Flores tampoco fue la única en su estilo. A mediados de abril pasado, la Dirección de Prevención Ecológica de la Policía Bonaerense allanó dos domicilios en La Plata bajo las órdenes de la fiscal Virginia Bravo. Lo que se encontró en esas casas, ubicadas en las calles 52 y 221 respectivamente, fue la mayor colección ilegal de aves de la Argentina, una colección capaz de opacar a la de cualquier zoológico en el país: entre las jaulas había más de trescientos especímenes de más de cien especies de todo el planeta, con un precio final estimado en, como mínimo, cuatro millones de pesos.

Muy exótico
Tres hombres platenses de mediana edad fueron señalados como los responsables de la operación. Les encontraron guacamayos, por ejemplo, especímenes rojos y también azules con tonos amarillos. Lo que sigue en la lista es igual de fascinante: había cacatúas albas de Indonesia, en grave peligro de extinción en estado silvestre, patos tarros de India y Nueva Zelanda, un loro gris de África Central -otra especie amenazada, altamente inteligente y estudiada por neurólogos durante años-, un faisán imperial del Himalaya con plumas iridiscentes, un faisán de Edwards -oriundo de Vietnam, cuyo hábitat fue diezmado por los bombardeos de napalm en la guerra de fines de los '60, una de las aves más amenazadas de Asia con menos de 250 ejemplares en estado silvestre- varias especies de turacos, coloridas aves africanas famosas por los penachos en sus cabezas, gansos cenicientos de Australia, pintadas vulturinas de Etiopía. Para completar, aterrado en el fondo de una jaula, un búho de nieve, oriundo de las regiones árticas, con un increíble plumaje blanco.
Las aves estaban en buenas condiciones de encierro y saludables, lejos del destino cruel que les toca a sus pares argentinos que caen en las redes de tráfico. El negocio ilegal en todo esto parecería evidente. Sin embargo, a dos meses de los allanamientos, la fiscal Bravo se encuentra en un limbo jurídico: todavía falta definir qué delito constituye el caso.
Para empezar, probar un presunto contrabando de fauna se vuelve muy difícil. Se secuestró documentación en las casas allanadas; entre los papeles no había registros contables ni movimientos de dinero. Tampoco se pudo establecer de dónde salieron todas estas aves, cómo es que llegaron al país. Bravo, entre sus hipótesis, cree que podrían haber venido desde Portugal.
La fiscal libró oficios al SENASA y al Ministerio de Ambiente a cargo de Sergio Bergman para saber si alguna de estas especies encontradas tiene prohibido su ingreso al país, o si efectivamente los hombres que las tenían pagaron tasas y tenían permisos correspondientes. Una defraudación al fisco podría ser otra posible carátula. Hubo elementos inquietantes en la trama: varias aves desaparecieron de un depósito judicial tras los allanamientos. Bravo duda de que se hayan ido volando y sospecha de empleados infieles.
Mientras tanto, las aves permanecen en cuarentena en la Fundación Temaikén. Los hombres que las guardaban en jaulas están libres.
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Agua de consumo en Argentina y tóxicos

Invisible y letal  

Fecha de Publicación
: 29/07/2015
Fuente: Facultad de Ciencias Exactas y Naturales UBA
Provincia/Región: Nacional


Uno de cada diez habitantes de la Argentina puede estar consumiendo agua con niveles elevados de este tóxico que, a lo largo de los años, genera no pocos trastornos de salud e incluso la muerte. Los especialistas estudian mejorar los métodos de detección, así como las formas de remoción.
¿Quiere un cafecito con arsénico? Casi nadie aceptaría la invitación a menos que pretenda suicidarse o fuera una de las víctimas de la familia Borgia, acusada de envenenar a quienes se interponían a sus ambiciones personales. Sin embargo, millones de personas en el mundo, e incluso usted, en este momento pueden beberlo en pequeñas dosis en el agua, sin notar ninguna diferencia en el gusto o en el olor. Tal vez, sólo sienta sus consecuencias dentro de unos años o décadas cuando sufra algún malestar que en ciertos casos puede llevarlo a la muerte.
El problema viene muchas veces de tierra adentro. Es que este metaloide está en el suelo y puede entrar en contacto con las napas de las que luego bebe la gente. “La Argentina es el primer país en cuanto a extensión en América Latina, afectado por este problema porque tenemos una amplia superficie con aguas subterráneas, que tienen altos niveles de arsénico. Unos cuatro millones de personas pueden estar en riesgo”, señala Marta Litter, doctora en Química de Exactas y presidenta del 5º Congreso Internacional sobre Arsénico en el Ambiente, realizado en 2014 en Buenos Aires.
Casi uno de cada diez habitantes de nuestro país puede verse perjudicado por las consecuencias del arsénico, y la mayoría no lo sabe. Es más, ni siquiera identifica el nombre del trastorno que puede provocar a largo plazo consumir este elemento en niveles no aconsejables: Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE). “El Mal de Chagas, un problema endémico de la Argentina, está en boca de todos, y prácticamente desde el punto de vista medio ambiental tiene la misma envergadura que el HACRE. Sin embargo, el HACRE suena desconocido para la mayoría de la población”, compara el doctor Eduardo Scarlato, jefe de Toxicología del Hospital de Clínicas “José de San Martín”, dependiente de la Universidad de Buenos Aires.
Si bien el hombre a través de la industria minera, metalúrgica o de pesticidas –entre otras– puede arrojar este tóxico al ambiente, en realidad la mayor parte proviene de unos gigantes que cada tanto entran en explosión y lo desperdigan generosamente. “Las cenizas de origen volcánico de emanaciones que provienen de los Andes flotan en el aire y se depositan en distintos lugares geográficos del país formando capas de distintos espesores, o también puede venir a través del agua. En la Argentina, el arsénico se distribuye desde el río Colorado hacia el norte, prácticamente”, grafica la doctora en geología Griselda Galindo, del Laboratorio de Hidrogeología de Exactas.
Un distribuidor incansable de este vidrio volcánico con arsénico es el viento, y le cuesta poco trabajo trasladarlo. “Es tan volátil que se moviliza fácilmente. De los Andes llega hasta África”, detalla Galindo. Claro que antes de atravesar el Atlántico, una gran parte ya se quedó en territorio argentino en forma de loess o sedimento; la región chaco-pampeana, el noreste y el Chaco son las áreas más afectadas. El Litoral está dividido. “En la mitad este no hay, y en la mitad oeste hay mucho. Esto quiere decir que en algunos momentos del Cuaternario reciente hubo como un lavado de las cenizas volcánicas y se llevó parte del arsénico. Otra parte ha quedado en la tierra y va a ser incorporado al agua”, describe.
Al alcanzar las napas, este elemento pasa a ser un problema aquí y en otros lugares del planeta, como destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS): “El arsénico inorgánico está naturalmente presente en altos niveles en las aguas subterráneas de diversos países, entre ellos la Argentina, Bangladesh, Chile, China, India, México y Estados Unidos”.

HACRE en la mira
Hacia el año 1500, el médico y alquimista conocido como Paracelso buscaba hallar cura a distintas enfermedades empleando arsénico, una de las diez sustancias químicas que hoy la OMS considera más preocupantes para la salud pública.
En la Argentina, al principio se la conoció como la “Enfermedad de Bell Ville”, porque en esa ciudad cordobesa se detectaron casos que tuvieron repercusión mundial. El nombre duró hasta 1913, cuando el doctor Mario Goyenechea relacionó las patologías observadas con enfermedades producidas por el consumo de agua con arsénico. Recién en 1951, se la denominó HACRE.
¿Los principales síntomas? “El HACRE es muy florido”, responde Scarlato. “Esta enfermedad se presenta muchas veces a través de la piel. Una de las primeras alteraciones es en su hidratación, en la sudoración de manos y pies. Otro estadío se caracteriza por manchas más oscuras y otras más claras, llamadas “manchas en huevo de paloma”. Asimismo, presenta lesiones hiperqueratósicas (callosidades) que, en algunos casos, se malignizan. “No sólo puede provocar el desarrollo de cánceres de piel sino de otros órganos. Se han descubierto poblaciones que pueden tener otro tipo de problemas, tales como presión arterial, trastornos hormonales o vasculares. No hay unicidad de síntomas”, subraya.
Resulta un verdadero desafío la variedad de señales que puede brindar. Además, no es fácil asociarla como la responsable de muchos de estos malestares. “Desde el consumo hasta el desarrollo de la enfermedad pueden pasar varios años o décadas. Esto es un gran contratiempo para establecer el nexo causal”, destaca Scarlato. También puede prestarse a confusión a la hora de realizar el diagnóstico temprano. Por ejemplo, una persona que hace trabajos rurales y comienza con callos en sus manos, lo más probable es que no vaya a ningún especialista o, si lo hace, el facultativo suponga que se debe a su ruda tarea. “Aquel que no está avezado y no piensa en esta patología puede llegar a no establecer la relación”, observa Scarlato.
Considerado como cancerígeno por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), el arsénico ofrece versiones con distinto nivel de peligrosidad. Justamente, las formas inorgánicas son las más tóxicas y las más frecuentes en el agua; mientras que las orgánicas son menos dañinas y están presentes en peces y moluscos, según destaca Litter. “Estos animales lo transforman y los seres humanos lo pueden comer sin problemas”, añade.
Aún en la forma inorgánica, las reacciones son diversas. “El consumo de agua contaminada no quiere decir que la persona desarrolle la misma enfermedad con la misma intensidad. En el sudeste asiático se da principalmente con problemas vasculares, con una dolencia conocida como “pie negro”, relata Scarlato. Este mal que causa gangrena no se ha visto en América, donde se dan situaciones dispares. “En Puno, Perú, no hay casos de afecciones porque la población es resistente. Seguramente durante mucho tiempo tomaron agua con arsénico y hoy no les afecta a pesar de que sus aguas tienen altos niveles”, puntualiza Litter, profesora de la Universidad de San Martín.
En cualquier lugar del mundo, cuando se consume accidentalmente en altos niveles, el cuerpo reacciona con vómitos, dolores abdominales y diarrea, seguidos de entumecimiento u hormigueos en las manos y pies, o calambres. “En el caso de intoxicación aguda –precisa Scarlato– hay un tratamiento específico, que consiste en administrar unas drogas que favorecen su pronta eliminación. Sin embargo, esta terapia no es efectiva cuando la intoxicación es crónica en bajas dosis como en el caso del HACRE. Aquí debe tratarse cada enfermedad en particular que desarrolle el individuo”.
Lo ideal, claro está, es la prevención para no sufrir estas nefastas consecuencias. “Si el agua que se toma está contaminada con altos niveles de arsénico, no debe beberse más de la misma. El segundo paso será una consulta al médico especializado”, aconseja Scarlato.

Sed de calidad
Si bien se sabe que en altas dosis esta sustancia es dañina, todavía está en discusión cuál es el límite tolerable. “La OMS recomienda un máximo de 0,01 mg por litro. En la Argentina, ese valor fue adoptado en un momento, pero con un período de adaptación de 5 años. Luego salió una modificación acerca de que el valor será adoptado una vez que se termine un estudio epidemiológico que actualmente realiza el Ministerio de Salud junto con la Secretaría de Recursos Hídricos y que tal vez esté listo para el año próximo. Mientras tanto, el valor que se adopta en la Provincia de Buenos Aires es 0,05 mg por litro”, menciona Litter.
¿Cómo saber cuál es la calidad del agua en nuestra casa? Aquellos que tengan sistema de pozo y quieran saber si el agua está en condiciones de ser consumida, pueden tomar una muestra para ser analizada en distintos organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica “que tiene unos equipos impresionantes para medir arsénico y hace servicios a bajo costo”, informa Litter, investigadora del CONICET.
Más allá de estos análisis en centros especializados, Alejandro Nadra y su grupo integrado por docentes y estudiantes de Exactas, pensaron en desarrollar una alternativa distinta: un sensor fácil de usar en el mismo lugar, que sólo requiera un instructivo e indique el resultado sin necesidad de contar con formación académica para entenderlo. El modelo teórico del dispositivo, llamado SensAr, fue premiado el año pasado en un certamen organizado por la fundación IGEM (International Genetically Engineered Machine) en Boston, Estados Unidos, y resultó la primera distinción para un equipo de América Latina.
“Modificamos genéticamente la bacteria Escherichia coli para que, en presencia de arsénico, cambie de color. La idea es que el sensor sea sencillo como un test de embarazo”, enfatiza Nadra, docente de Exactas e investigador del CONICET. Si el resultado arroja color blanco, el agua es apta para el consumo; si es rosado, contiene algo de arsénico, pero se puede tomar; y si es rojo, no se puede consumir. “El objetivo es hacer un sistema económico para que la gente que consume agua de pozo, sin necesidad de enviar muestras a algún centro académico, analice en su casa cuán potable es lo que toma a diario. Si uno puede detectar cuándo hay o no arsénico, esto podría tener un cambio de conducta muy grande”, señala, al tiempo que anticipa: “Estamos desarrollando el prototipo de la carcasa y dónde van a estar las bacterias. Aún no está terminado, pero estamos muy avanzados”.

Cómo deshacerse de él
Desde otro laboratorio en Exactas, en el INQUIMAE, estudian mecanismos para quitar el arsénico del agua. “Los óxidos de hierro puros se utilizan en la adsorción de arsénico en agua. El proceso está ampliamente difundido y también se lleva a cabo en los lechos acuosos naturales. En nuestro laboratorio modificamos los óxidos de hierro sustituyendo parcialmente el hierro por otros cationes de metales de transición (este proceso ocurre también en la naturaleza). Esta sustitución afecta las propiedades de adsorción y las de disolución del óxido, modificando asimismo el tamaño de las partículas obtenidas. Finalmente, analizamos cómo la sustitución afecta la reactividad química (la disolución) y la adsorción de arsénico. Hemos realizado varias incorporaciones en las que se lograron partículas de bajo costo económico con un aumento notable de la adsorción de arsénico, por lo que el óxido sustituido resulta en un mejor agente secuestrante de arsénico”, describe la doctora Elsa Sileo.
Mientras continúan distintas investigaciones, ya existen métodos de remoción en uso. Las más utilizadas en nuestro país son la ósmosis inversa y los procesos de coagulación-adsorción-filtración. “Cada una tiene sus ventajas y desventajas. Hay varias plantas de ósmosis en la Argentina, en general a cargo de municipios u organizaciones diversas. Es caro”, estima Litter. En este caso el agua pasa a presión por membranas que filtran las sales, entre ellas el arsénico. En este sentido, los diferentes mecanismos se topan con uno de los problemas claves. “El tratamiento del arsénico –enfatiza– es complicado en el sentido de que los componentes de un agua real pueden influir muchísimo en los métodos de remoción. Cada agua puede ser diferente y, por lo tanto, no hay métodos universales”. Este desafío es uno de los tantos que este tóxico presenta a los científicos, y que Litter enfrenta a diario desde hace años. Justamente, ella busca sistemas efectivos de bajo costo para hacerlo accesibles a los sectores de escasos recursos, que suelen consumir agua de pozo con riesgo de contaminación.
Entre sus últimos trabajos, ella ha puesto la atención en materiales muy pequeños, en la escala del micrómetro, es decir la millonésima parte de un metro. Se trata de nanopartículas de hierro, en este caso nanomagnetitas, que son producidas por una empresa nacional. Estas diminutas partículas se colocan en una botella transparente con el agua a tratar, que se deja al sol o bajo una lámpara ultravioleta durante cuatro a seis horas. Se obtiene así un flóculo (precipitado) que se deja decantar durante la noche y al otro día se filtra a través de un cerámico o una tela. “Logramos obtener agua apta para el consumo con los niveles de tolerancia indicados por la OMS. Los materiales que se usan no son costosos, porque es muy poca la cantidad de nanopartículas requeridas, y la energía solar es gratis”, concluye.
Mientras los científicos siguen probando para hallar la solución más práctica a un severo problema y ayudar a detectarlo a tiempo, coinciden en dar un último consejo: “No intente en su casa hervir el agua para lograr deshacerse del arsénico, porque lo concentrará aún más”.
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El cambio climático en Argentina



Cambio climático: la temperatura media subió 0,5° en la Argentina

Fecha de Publicación
: 03/07/2015
Fuente: La Nación
Provincia/Región: Nacional


El cambio del clima no es una sensación. La temperatura promedio en la Argentina subió al menos medio grado. Y en algunas regiones, como la Patagonia, el alza llegó a 1° C.
Hay más cantidad de noches y días cálidos y menos de noches y días con heladas en casi todo el territorio. La precipitación aumentó en casi todo el país, y de manera sustancial si se consideran las medias anuales; sin embargo se ha observado aumento de eventos extremos, es decir, lluvias más intensas en menos tiempo.
Estos son sólo algunos de los datos que aportó la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático en la que trabajaron más de 100 expertos y que será el documento que la Argentina presentará en la próxima cumbre internacional de lucha contra el calentamiento global en diciembre, en París.
El informe presentado ayer también da cuenta de que si bien el país aporta menos del 1% de los gases de efecto invernadero (GEI) del total mundial; el cálculo per cápita ubica a los argentinos (9,86 toneladas de CO2 equivalente al año) como mayores contaminadores que un francés (6,59 t de CO2 eq), un danés (9,36 t de CO eq) o un italiano (7,25 t de CO2 eq).
Estas cifras surgen del inventario de GEI que colocaron al país en el puesto 96, si se lo mide según el PBI; en el 21, según el total de emisiones y en 46, si se toma la medición per cápita.
Se concluyó también que el sector de producción de alimentos (carnes y granos) tanto para consumo interno como para consumo del resto del mundo participa con casi el 50% de las emisiones. Respecto del consumo de energía se observó que ha aumentado desde el fin de la crisis económica hasta la actualidad encontrándose directamente relacionado al aumento del PBI. Y, en ese sentido se pudo determinar que el consumo del sector industrial, domiciliario y de transporte emite aproximadamente el 42% de las emisiones totales.
"El aumento del consumo per cápita creció mucho por el crecimiento económico. Las emisiones argentinas están acopladas al crecimiento del PBI. Por ejemplo en2001 bajaron las emisiones en el país del mismo modo que en 2008 bajaron en todo el mundo. El consumo de energía está absolutamente relacionado con el crecimiento económico", explicó Juan Pablo Vismara, subsecretario de Promoción del Desarrollo Sustentable de la Secretaría de Ambiente de la Nación.

Compromiso
Según explicó el funcionario, el inventario será la base de información que se tomará para anunciar, sin fecha cierta, la meta de reducción de emisiones a la que se comprometerá el país. "Defendemos el concepto de desarrollo sustentable que incluye los aspectos social, ambiental y económico. Tenemos que seguir mejorando las condiciones de vida de la gente todavía, en ese desafío tenemos que ser cautos con qué compromiso se asume, porque si ese compromiso te limita en el consumo de energía, por ejemplo".
En la presentación del trabajo también estuvieron presentes el secretario de Ambiente de la Nación, Sergio Lorusso y el titular del Organismo para el Desarrollo Sustentable bonaerense, Hugo Bilbao.
"El informe de Modelos Climáticos -puntualizó el titular de Ambiente Sergio Lorusso- demuestra que en el país hubo un aumento de la temperatura de hasta medio grado, y en la Patagonia el incremento de la temperatura media fue mayor llegado a superar el 1°C, esto influyó como en el caso de los incendios forestales en Chubut y en las inundaciones en el centro del país."
El informe al que se refiere Lorusso fue elaborado por el Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera (Conicet-Facultad Ciencias Exactas UBA) y se relevaron 10.400 puntos en todo el país. Se cruzaron datos y se establecieron diferentes escenarios.
En los últimos 50 años la precipitación anual aumentó en casi todo el país, aunque con variaciones interanuales. Los mayores cambios se registraron en el Este con más de 200 mm, lo que corresponde a un aumento de 10%. En algunas zonas semiáridas las lluvias más abundantes facilitaron la expansión de la frontera agrícola alentada por otros factores no climáticos. Por el contrario, sobre los andes patagónicos y cuyanos las precipitaciones disminuyeron, aunque en este último caso, con fuertes variaciones de año a año.
"En gran parte del país hubo una reducción en el número de días con heladas mientras que el número de días con olas de calor tanto como las noches tropicales aumentaron considerablemente en el norte y este del país", se informó.
En cuanto a las precipitaciones, los eventos extremos resultaron más intensos y frecuentes en casi toda la Argentina no patagónica. Por otro lado, la duración de períodos prácticamente sin precipitación -conocidos como racha seca- disminuyó en la pampa húmeda y la Patagonia no Andina. Al mismo tiempo, en el Oeste y en el norte del país, hubo una prolongación del período seco invernal, lo cual genera problemas en la disponibilidad de agua en estas zonas.
Para los próximos 25 años se proyecta una aceleración del aumento de la temperatura media donde la región con mayores cambios sería el noroeste del país, con aumentos de hasta 1,5 °C.

Incendios: récord en Chubut
El aumento de la temperatura promedio en 1° en la Patagonia podría ser una de las razones que generó el incendio de 19.000 hectáreas de bosques nativos en el noroeste de Chubut en febrero pasado que, bajo un tiempo seco, rompió todos los precedentes conocidos en la Argentina por sus dimensiones. Sólo la lluvia podía frenar el avance del fuego, a un kilómetro por hora.

Inundaciones: Córdoba pasada por agua
También en febrero, en la zona central del país, en donde se han registrado un cambio en las precipitaciones y eventos extremos, se produjeron inundaciones en la Ciudad de Córdoba y alrededores. Según los registros, en las sierras, en esa provincia cayeron más de 300 mm en una sola jornada.
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El glifosato afecta seriamente la fauna icticola



El glifosato pone en jaque a los peces nativos

Fecha de Publicación
: 26/06/2015
Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar
Provincia/Región: Nacional


La exposición al glifosato en los niveles reportados en ríos y lagunas de la región pampeana produce cambios en el metabolismo energético de los peces y también afecta su sistema nervioso central. La información surge de experimentos realizados con pejerreyes y madrecitas de río.
En la Argentina, desde fines de la década de 1990 hasta 2013, la superficie cultivada con soja aumentó de 9 millones de hectáreas a más de 20 millones. Como consecuencia de ello, la aplicación de herbicidas y pesticidas se incrementó de 127 mil toneladas, en 1999, a más de 280 mil en 2013. Teniendo en cuenta que esas sustancias potencialmente tóxicas van a parar a las lagunas y ríos, es dable pensar que los peces que habitan en esos cuerpos de agua pueden verse afectados.
En efecto, si el pejerrey (Odontesthes bonariensis) es expuesto a un formulado de glifosato, su metabolismo energético resulta afectado, lo que indica que la presencia del herbicida le genera estrés, según indica Renata Menéndez Helman, investigadora que desarrolló su doctorado en el INQUIMAE (Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía) de Exactas UBA. Asimismo, se observaron efectos del principio activo sobre el sistema nervioso central de otra especie nativa ampliamente distribuida en la región: la madrecita (Cnesterodon decemmaculatus).

Gasto energético
“El objetivo era evaluar efectos subletales, es decir, que no produjeran la muerte sino que sirvieran como señales tempranas de la exposición a contaminantes”, explica Menéndez Helman. Ella se ocupa de estudiar el metabolismo energético, es decir las reacciones de síntesis y degradación de las moléculas energéticas en el interior de la célula en distintos tejidos (hígado, cerebro, músculo) del pejerrey. Estos experimentos formaron parte de su tesis doctoral, dirigida por María dos Santos Afonso (investigadora del INQUIMAE) y Alfredo Salibián, de la Universidad Nacional de Luján, y fueron realizados en colaboración con Leandro Miranda del INTECH Chascomús.
Los investigadores midieron los niveles de las moléculas de ATP, “que es la moneda energética de la célula”, según comenta la investigadora. Cuando el organismo necesita energía, el ATP entrega fosfatos y se convierte en ADP, pero puede seguir cediendo energía hasta convertirse en AMP. “Cuando disminuye el ATP y aumentan las otras especies, ello es indicador del estado energético de las células”, comenta Menéndez Helman. Cuando un organismo está expuesto a un estresor ambiental, tiene un mayor gasto de energía. En consecuencia, la medición del balance entre los adenilatos (ATP, AMP y ADP) puede informar si un organismo estuvo en situación de estrés.
Para evaluar los efectos del herbicida, los peces fueron colocados, durante quince días, en recipientes con agua que contenían 1 ppm (una parte por mil, que equivale a un miligramo por litro) y 10 ppm de glifosato, que son concentraciones dentro del rango de las reportadas en cuerpos de agua de la llanura pampeana.
Luego de la exposición al glifosato, la investigadora realizó la disección de los peces, extrayendo el hígado, el cerebro y el músculo. Estos tejidos fueron luego procesados con el fin de obtener las moléculas y medirlas mediante una técnica específica denominada HPLC (cromatografía líquida de alta eficacia). Según indica la investigadora, “la extracción de las sustancias es un proceso muy delicado, debido a que éstas son poco estables, y se degradan con facilidad”.
Al realizar las mediciones en los tres tejidos, tanto en los peces expuestos al glifosato como en los que funcionaron como control, los investigadores encontraron significativas diferencias. “En particular, en el hígado y en el músculo encontramos que disminuyen los niveles de ATP frente al total de adenilatos, y esto muestra, de alguna manera, que al ser expuesto al herbicida el organismo está sufriendo estrés”, confirma Menéndez Helman. Estos resultados fueron publicados en Ecotoxicology and Environmental Safety.

Tóxico para las neuronas
En otros experimentos, Menéndez Helman quiso averiguar si el glifosato ejercía algún efecto en el sistema nervioso de los peces. Para ello, analizó la actividad de la enzima acetilcolinesterasa, cuyo rol fisiológico es inactivar un neurotransmisor, la acetilcolina, al finalizar la transmisión sináptica. La inhibición de esta enzima provoca una acumulación anormal de acetilcolina, con la consiguiente sobre estimulación de la sinapsis.
Precisamente, ciertos insecticidas inhiben la acetilcolinesterasa en algunos organismos. Tal efecto se produce porque los pesticidas organofosforados, del subgrupo fosfato, se unen a esa enzima de manera irreversible.
“El glifosato es un pesticida organofosforado, pero no pertenece a ese subgrupo, por lo que no se esperaba que tuviera algún efecto sobre la enzima”, indica Menéndez Helman. En realidad, algunos estudios realizados con el formulado de glifosato mostraban efectos, por ello la investigadora quiso indagar qué sucedía con el principio activo, y probó con madrecitas de agua.
“Hicimos ensayos de exposición aguda, durante 96 horas, en concentraciones desde 1 hasta 35 ppm, y encontramos que el glifosato, en esas condiciones, inhibía la enzima”, asegura Menéndez-Helman. El trabajo fue publicado en Bulletin of Environmental Contamination and Toxicology.
Las intoxicaciones por inhibidores de la acetilcolinesterasa pueden culminar con un colapso cardiorrespiratorio y conducir a la muerte. En peces, cuando están expuestos a esos contaminantes, se han observado problemas en el equilibrio y efectos sobre los patrones de locomoción.
Cabe destacar, de paso, que el glifosato junto con algunos pesticidas ya forma parte de la lista de cancerígenos “posibles” o “probables”. En efecto, en marzo de este año, este herbicida, al igual que los insecticidas diazinón y malatión, fueron clasificados por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que depende de la Organización Mundial de la Salud, como “probablemente cancerígenos para los seres humanos”.
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La contaminación con arsénico en Argentina

Problemas con el arsénico

Fecha de Publicación
: 14/08/2013
Fuente: Página/12
Provincia/Región: Nacional


La contaminación del agua con arsénico es natural y muy pocas veces tiene que ver con la mano del hombre. Aunque por lo general viene de los minerales en las aguas subterráneas, eso no lo vuelve menos peligroso.

–Hablemos un poco del arsénico.
–De acuerdo. Este año se celebran cien años de que, en Córdoba, el doctor Allerza descubriera la relación entre el consumo de agua con arsénico y un conjunto de manifestaciones clínicas que se traducían en lesiones en la piel y podían derivar tanto en cáncer de piel como en cáncer de órganos internos. El arsénico es un veneno: lo usaba, como se sabe muy bien, Lucrecia Borgia. Eso es si se lo usa en grandes cantidades. Pero si uno ingiere arsénico en muy pequeñas cantidades a lo largo de su vida, es posible que se enferme y presente estas manifestaciones de las cuales yo estoy hablando. Esto tiene la misma dinámica que cualquier otra enfermedad: no a todo el mundo le agarra cáncer, no todo el mundo tiene lesiones en la piel. Las enfermedades dependen mucho del genotipo: yo no soy médica, pero es así. Por ejemplo, en Puno, Perú, hay grandes concentraciones de arsénico en el agua, la gente ha tomado arsénico durante mucho tiempo y, sin embargo, no se enferma.

–¿Y ahí qué hubo? Alguna relación debe tener con la selección natural.
–Sí, supongo que sí. En la llanura chaco-pampeana, por el contrario, la gente se enferma y se enferma mucho. Incluso hubo casos de chicos de 15 años enfermos. En una familia en un asentamiento rural, por ejemplo, los padres se iban a trabajar la tierra lejos del hogar: los chicos se terminaron enfermando y los padres no se enfermaron nunca. Está absolutamente comprobado que si aparece este tipo de manifestaciones clínicas es por el consumo de arsénico. A estas manifestaciones clínicas, en la Argentina, se las llama con las siglas ACRE, que significan “Arsenicismo Crónico Regional Endémico”. Viene, como le decía, por el consumo de agua con arsénico, que está en realidad en el agua subterránea. El planeta entero está lleno de lugares donde la gente se enferma por el consumo de arsénico. Sin embargo, hay diferencias en las manifestaciones: en Taiwan, por ejemplo, se presenta como una “enfermedad del pie negro”. Se van poniendo negras las extremidades y van “desapareciendo”: hay gente en la que desaparecen completamente los pies o desaparecen completamente las manos. Hay un museo del pie negro en Taiwan, pero el problema allí fue controlado: las autoridades hicieron todo lo posible para que la enfermedad desaparezca. Fue muy estudiado el tema, también, en el sudeste asiático. También fue remediado.

–¿Cómo?
–Los organismos internacionales pusieron un montón de plata para solucionar el problema de la escasez de agua en todos los países del sudeste asiático. Lo que hicieron fueron perforaciones para sacar agua. Pero con el agua salió el arsénico, y la gente se empezó a enfermar. Los organismos internacionales, entonces, se sintieron culpables, y pusieron un montón de plata para solucionar el problema del arsénico. Eso no pasa en Latinoamérica, que se puede considerar el continente olvidado en el tema del arsénico.

–No olvidado por el arsénico.
–Todo lo contrario: olvidado fundamentalmente por las autoridades, pero también por la gente. El tema no se conoce, los políticos le escapan, nadie quiere tomar cartas en el asunto.

–¿Por qué?
–No lo sé, ni lo puedo saber. Acaso porque no quieren, a veces dicen que hay otros problemas más serios (como el Chagas, por ejemplo).

–Pero no tiene nada que ver una cosa con la otra.
–Es lo que hay que decirles a las autoridades.

–Se lo estamos diciendo en este preciso momento.
–Sí, es lo que yo le digo a todo el mundo: hay que quejarse frente a las autoridades. De todas maneras, déjeme tranquilizarlo: en la ciudad de Buenos Aires, donde vive el Jinete Hipotético, no hay arsénico en el agua. El agua de la ciudad es muy buena, y tampoco hay que tomar agua mineral, porque en el agua mineral la regulación para el arsénico es más alta que en el agua potable.

–¿Eso qué quiere decir?
–Que el arsénico está regulado más alto. La Organización Mundial de la Salud dice que el arsénico en agua no debe ser mayor de 10 microgramos por litro para agua potable; para agua de bebida mineral es 200 microgramos por litro (20 veces más). Otra cosa importante: la contaminación por arsénico es natural; lo antropogénico es mínimo. Hay algunas pocas industrias que utilizan el arsénico (por ejemplo, algunos medicamentos, algunos productos agrícolas), pero es poquito. La mayor contaminación viene porque hay minerales de arsénico en el fondo de las superficies cubiertas por el agua subterránea y se van lentamente filtrando o erosionando al agua. Son minerales: hay 200 minerales de arsénico.

–¿Qué habría que hacer?
–A ver: hay dos tipos de poblaciones. En las poblaciones de ciudades medianas y grandes se pueden instalar plantas de tratamiento. Existen métodos: Chile, por ejemplo, instaló plantas de tratamiento, porque había tenido un problema muy serio hasta los años ’70. En esa época, el gobierno se juntó con las universidades, desarrollaron métodos para el tratamiento de arsénico e instalaron plantas (por ejemplo, en Antofagasta). El problema del arsénico sigue siendo delicado en el norte de Chile en las poblaciones aisladas. Por eso hablo de dos poblaciones: hay lugares de mayor poder adquisitivo donde se pueden instalar o plantas o filtros que pueden solucionar el problema, pero también están las poblaciones aisladas, donde no llega el agua potable. Ahí hay que usar métodos domiciliarios o comunitarios para pequeños asentamientos. Esos métodos existen; hay gente que los está estudiando y es necesario que promocionemos el desarrollo de esos métodos.

–En las grandes ciudades, entonces, el problema se puede remediar.
–Si se instalan las plantas, se remedia.

–¿Pero si yo me sirvo un vaso de agua en Misiones, por ejemplo?
–Puede tener problemas. De la misma manera que si lo hace en La Pampa, o en el norte de la provincia de Buenos Aires, o en Córdoba, o en Santa Fe, o en el Chaco, o incluso en la Patagonia.

–¿Qué me puede pasar si voy allí y tomo agua?
–A esta altura de la vida, nada. Pero si hubiésemos estado bebiendo esa agua desde chiquitos, podríamos haber contraído las enfermedades que le decía: lesiones de la piel, cáncer de piel, de riñón, de vejiga.

–Antes de que todos se mueran del susto, ¿qué hay que hacer?
–Hay que desarrollar la investigación en tecnologías de remoción de arsénico. Hay que cuidar el arsénico de los alimentos, también (en el arroz, por ejemplo, hay mucho, porque el arsénico se absorbe por las raíces). Hay que tener cuidado. Hay que ser consciente de que el problema existe y hacer conscientes a las autoridades para que apliquen las tecnologías que permiten controlar el problema. Pero, sobre todo, no hay que dejar que cunda el pánico.

–Y, mire... con las cosas que me estuvo contando...
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La 'ciencia' en contextos extractivistas

La 'ciencia' en contextos extractivistas
Fecha de Publicación: 05/12/2012
Fuente: Página/12
Provincia/Región: Nacional


“Ignorantes”, “desinformados”, “ideologizados”, “irracionales”, “fundamentalistas”... Tal una somera graduación de las categorías que habitualmente se emplean para aludir a sujetos y colectivos que se oponen a actividades extractivas que, como la megaminería a gran escala, implican no sólo graves riesgos ciertos y comprobables de contaminación sino, ya de partida, gravosos impactos de destrucción de ecosistemas, afectación a la biodiversidad y consumos siderales de agua y energía.
La lucha por la defensa de los ambientes glaciares y periglaciares, nacientes de la gran mayoría de las cuencas hídricas que sustentan la vida de nuestras provincias cordilleranas, ha sido un capítulo clave en la búsqueda por poner un límite a la voracidad extractivista. Sin embargo, está visto que ninguna ley es suficiente para garantizar los derechos más elementales de las poblaciones cuando del otro lado hay una poderosa articulación de intereses públicos-privados, que hace “socios” a grandes corporaciones transnacionales, controladoras del negocio, con gobiernos interesados en la participación (mínima, hay que decir) de la renta minera.
Asistimos actualmente a una nueva estocada del poder minero sobre la ley de presupuestos mínimos de protección de glaciares (Ley 26.639). Esta vez, en el campo de burlar su aplicación. Todas las artimañas son, al parecer, válidas. Hasta la de la cooptación de “expertos”, o “técnicos” que, presentándose bajo el manto impoluto de la “objetividad científica”, certifican y sentencian visiones de la realidad muy a la medida de los intereses corporativos.
Tal es el caso de la reciente “gira” que vienen haciendo por estos días los doctores Matthias Jakob y Pablo Wainstein, presentados como “prestigiosos científicos” en el artículo titulado “La Ley de Glaciares calienta el debate”, publicado en este diario el 21 de noviembre pasado, al dar cuenta de su intervención en la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados, en un claro tono crítico a la ley. Lo que omite decir el artículo es que estos “prestigiosos científicos” pertenecen a la consultora canadiense BGC, empresa internacional con sede en Vancouver, costa occidental de Canadá, que se ha expandido a América del Sur, Africa, Asia, Europa y Australia con una constante: ir de la mano de las megamineras multinacionales.
Por caso, la consultora BGC trabaja para la Barrick en Doulin Creek, Alaska; en Cortez Hills, EE.UU. En Rusia también investigan para Barrick en Proyecto Fedorova, en la Península de Kola. En Africa, en la Southern Deeps y la Mina North Mara, ambas de Barrick. En Su-damérica, la consultora de estos ilustres seminaristas opera en Pueblo Viejo, en República Dominicana; en Las Cristinas, en Venezuela; en Pascua-Lama, Argentina y Chile; en Agua Rica, Catamarca, Argentina, y en el desastroso Mineraloducto de Minera Alumbrera Ltd, Catamarca, entre otras.
Estos mismos “especialistas” se presentaron también en noviembre en la capital de La Rioja para dar un “Seminario Internacional sobre Permafrost y Ambiente Periglaciar”, promovido por el gobernador Beder Herrera, tristemente célebre por vetar las leyes de prohibición de la megaminería con las que llegó a la gobernación. Antes pasaron también por San Juan, dictando el mismo seminario, en la provincia de Gioja, de manifiestos vínculos con la minería transnacional.
Así asistimos a un ya clásico “recurso” de las industrias extractivas, las que para apropiarse de los territorios sometidos a voladuras precisan también de una poco disimulada maniobra de apropiación epistémica, recurriendo sistemáticamente a la “sabiduría académica de expertos internacionales” fuertemente ligados por jugosos contratos a las propias empresas interesadas en “tener” el control de la “verdad” sobre los territorios.
La mercantilización de los bienes comunes de la naturaleza, en este caso las altas cumbres nacientes de nuestras aguas y de toda la biodiversidad de nuestros ecosistemas cordilleranos, va de la mano con la mercantilización del “conocimiento”. Para las mineras, la “verdad científica” es, ni más ni menos, una mercancía estratégica que pueden manipular a su antojo; se creen dueños de nuestros cerros; se creen dueños de la “verdad” y de la razón.
Frente a ellos, los ojos de pueblos informados y movilizados, esos que desde el poder descalifican como “ignorantes” o “fundamentalistas”, son los que hacen caer las máscaras de la “cientificidad de empresa”. Pueblos de pie, contra la mercantilización de los bienes comunes y contra la mercantilización del saber.

Horacio Machado Aráoz
Universidad Nacional de Catamarca - Colectivo Sumak Kawsay.

Ramón Navarro
Asambleas Ciudadanas de La Rioja - Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).
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