Basura: un problema a punto de estallar

Basura: un problema a punto de estallar del que nadie se hace cargo

Fecha de Publicación
: 10/06/2012
Fuente: Perfil
Provincia/Región: Capital - Buenos Aires


En el área metropolitana, la Ceamse se encarga desde 1977 de los predios a cielo abierto donde se entierran los desechos de treinta municipios. Aunque la mayoría podría reutilizarse y reciclarse, no hay inversiones, y el tema se convirtió en una verdadera bomba de tiempo: según expertos, no sólo hay falta de espacios –en abril de 2013 colapsaría el único relleno sanitario habilitado en el Conurbano–, sino también peligro de explosiones. Algunos ya trabajan en alternativas.
El conflicto entre el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el de la Ciudad sobre dónde depositará cada territorio la basura desató una serie de reclamos que tiempo atrás, tanto ambientalistas como organismos especializados, venían solicitando: una política macro fuerte a largo plazo que busque gestionar de manera responsable los residuos sólidos urbanos (RSU) de toda la zona metropolitana.
Se suele decir que la problemática de la basura termina cuando el camión recolector pasa por la puerta de una propiedad. Pero es ahí cuando recién empieza. De las 16 mil toneladas de basura diarias que recibe la Coordinación Ecológica Area Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), proveniente de treinta municipios de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma, la gran mayoría podría reutilizarse y reciclarse. Sin embargo, la generación de residuos aumenta año tras año (de más de un millón de toneladas en 1980 pasó a más del doble en 2000) y diversas ONG, grupos ambientalistas y organismos especializados debatieron con PERFIL acerca de las problemáticas que genera el enterramiento y de las alternativas que algunos llevan adelante.
La implementación del método de disposición final en rellenos sanitarios nació en el país hace 35 años, bajo el mando de la Ceamse, una entidad creada en 1977 y compartida entre el Gobierno de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. A partir de ese año, la gestión de los residuos adquirió escala metropolitana. “Si bien en su momento esto fue tomado como un avance con relación a las incineraciones con residuo fósil que se venían haciendo. Nunca se pensó en invertir en maquinarias ni tecnología de recuperación o reciclaje desde la separación en origen”, planteó a PERFIL una especialista en residuos urbanos y miembro de Greenpeace, Consuelo Vilbao.
Por lo cual, luego de varios años, la disposición final se fue convirtiendo en una “bomba de tiempo”. Según la estudiosa del tema, en la actualidad se está viviendo una etapa de colapso de este sistema; no sólo por la falta de disponibilidad de nuevas tierras para enterrar desechos –en abril de 2013 colapsaría el único relleno sanitario habilitado en el Conurbano bonaerense–, sino porque los rellenos conforman un “combo tóxico”.
El consultor ambiental y asesor de la Secretaría de Ambiente y Espacio Público Alvaro Huguet confirmó que los rellenos traen aparejado “contaminación de subsuelo y napas freáticas, cuyo contacto puede ocasionar enfermedades como lupus, púrpura y cáncer. Además de olores desagradables, venteo de gas metano, degradación del paisaje y atracción de roedores y plagas”.
Cómo tratarlos. La mayor tajada de los residuos que se depositan en la Ceamse es la de los residuos orgánicos (restos de alimentos, pasto) con un 60 por ciento del total de lo enterrado.
Distintos especialistas consultados coinciden en que esta fracción es la que trae aparejadas las peores consecuencias. “Al ser húmeda, es la más peligrosa y conflictiva porque es la que conlleva la putrefacción de los basurales y la generación de los lixiviados y gas metano”, detalla Huguet, quien es el creador de los biodigestores anaeróbicos, una de las soluciones que puede dársele a este tipo de residuos: transformarlos en compost, alimento para la lombriz roja californiana, producir biogás, energía renovable.
De esta manera, a partir de las explicaciones de los analistas, los residuos vuelven a la naturaleza y le generan un corte en el gasto municipal ya que cada gobierno comunal se responsabiliza de la recolección y el transporte de los residuos hacia el correspondiente relleno sanitario. Es decir, cada municipio contrata una empresa recolectora, cuyo gasto demanda un alto porcentaje del presupuesto, y a la vez le paga a la Ceamse por tonelada entregada. “En el Conurbano está el 50% de la basura del país, junto con Ciudad y La Plata. Lo orgánico es el negocio porque al estar mojado, hace más peso”, denuncia sin cobardía Huguet.
Por su parte, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires promulgó en diciembre de 2006 la Ley 13.592 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, que abarca a todos los municipios de provincia y planteaba como principal objetivo alcanzar una reducción del 30% del total de residuos para 2011. Poco se hizo al respecto ya que la gran mayoría lo sigue depositando en la Ceamse.
Sin embargo, desde dicho organismo, el ingeniero Marcelo Rosso, gerente de Operaciones de la empresa, destacó a este medio que “en cualquier sistema de gestión integral de residuos, aquí o en cualquier parte del mundo, debe contener para su etapa final uno o más rellenos sanitarios. Independientemente de las técnicas de recupero, reciclado o valoración térmica”.
Desde Greenpeace critican que no se hayan tomado las medidas suficientes para que se redujera la basura, ni que los rellenos cuenten con un adecuado sistema de impermeabilización para evitar que los lixiviados migren hacia las aguas subterráneas, como sucede en González Catán, partido de La Matanza (ver recuadro).
Aunque la Ceamse respondió que desde 2001 opera la planta de compostaje “más grande de Argentina” con una capacidad de procesamiento de 1.200 toneladas al mes, en el Norte III, uno de los rellenos más importantes y el único habilitado, pero con poco tiempo de vida útil: su fecha de colapso es en abril de 2013.
“Estas plantas son buenas si están dentro de un eslabón, porque si juntás un papel y lo humedeciste, ese papel ya no sirve más. La clave está en la separación en origen. Para ello, debe haber incentivos para esa separación, como descuentos en las tasas o multas. Es que esto es un negocio para pocos”, detalló Vilbao.
Como a principios del año que viene se agotaría la capacidad del relleno Norte III, Rosso explicó que están en desarrollo las gestiones con el Ministerio de Defensa del Gobierno nacional para extender la superficie y construir un nuevo módulo en la zona.
Experiencias alternativas. A pesar de la situación, en el país existen diversas iniciativas que promueven el reciclado y reutilización de todos los RSU.
Se calcula que en el país existen 200 plantas de tratamiento de residuos orgánicos, promovidos por sectores públicos y privados. Por ejemplo –aunque los municipios del Conurbano bonaerense no se destaquen por hacer esta clase de tareas– es notable el programa “Morón Recicla”, que lleva adelante ese municipio en algunas localidades, donde los vecinos separan los residuos reciclables secos y limpios para que promotores ambientales los recolecten. En La Plata, los ciudadanos hacen algo similar, al depositar la basura reciclable en una “bolsa verde”, para ser tratados posteriormente. Tanto en Avellaneda como Morón se prevé la instalación de plantas de tratamiento diferenciado de residuos.
En el interior de la provincia también se vivencian casos de tratamiento, como Trenque Lauquen, que desde los ‘90 desarrolla un proyecto que clasifica la basura en residuos orgánicos e inorgánicos. Los primeros vuelven a ser clasificados en una planta de tratamiento, que genera compost.
Por su parte, en varias provincias del país, como la ciudad de Santa Fe, se dan modelos de recolección diferenciada en los domicilios particulares. Allí se trabaja fuertemente con los supermercados, hospitales, comercios, industrias y locales gastronómicos.
En tanto, científicos del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medio Ambiente (Iniboma) elaboraron un proyecto de generación de basura y reciclado en Aluminé (Neuquén), que contempla el cierre de un antiguo basurero y la discriminación de desechos húmedos y secos. En Colón, Entre Ríos, se acaba de instalar un biodigestor en una escuela que genera biogás.
De todos modos, la pregunta sigue siendo compleja: ¿qué hacemos con la basura?
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